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Marcelo Ebrard, un político vertical

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La política es una ciencia, una ciencia social por excelencia, la más social de las ciencias sociales. Su práctica, conlleva una profunda conciencia de servicio para la comunidad, es una de las carreras profesionales más nobles que existe en el mundo, y su práctica leal y derecha, merece el reconocimiento de la comunidad entera.

La política, a lo largo de la historia, ha escrito páginas de la más variada índole, pues la ambición humana, en muchos casos, ha desvirtuado su noble objetivo para servirse de ella, en vez de servir a la comunidad. Estas innobles desviaciones, fueron llevadas a extremos impensables, hasta llegar a proclamar: “Todo para el pueblo, pero sin tomar en cuenta al pueblo”, en cuyo caso, caemos en la enfermiza práctica llamada:

Despotismo Ilustrado. En tiempos recientes de nuestra historia nacional, el despotismo ilustrado se enseñoreo en forma de partidos políticos; si, de aquellos que la ley define como: Instituciones de interés público, pero que, en la vida práctica, se tornaron en cuotas de poder y fuentes de recursos mal habidos.

La historia de México, es la historia de la lucha de un pueblo todo, por llegar a ejercer su libertad, y aspirar al legítimo derecho de una vida mejor. Estas justas pretensiones, han dado lugar a luchas, las más de las veces violentas y sangrientas. Tres grandes transformaciones preceden a nuestra historia actual: La Guerra de Independencia, la Guerra de Reforma y la Revolución Social Mexicana. Lamentablemente, las tres conflagraciones, que fueron totalmente justas, tuvieron un alto costo en vidas humanas.

Al amanecer el S. XXI, nos encontramos con un sistema político mexicano, totalmente desgastado y rebasado por la realidad, y con una clase política acostumbrada a ejercer un poder sin límites ni cortapisas y, asombrosamente, ante nuestros ojos, por primera vez en nuestra historia, se da un cambio profundo en la política y la sociedad, sin violencia ni muerte ni sangre derramada. La Cuarta Transformación vino a cambiar el rumbo de la nación, sin quemar un cartucho, sin derramar una gota de sangre, y este hito histórico, tiene un artífice: Andrés Manuel López Obrador, y junto a la figura del prócer, se levanta la de un hombre de gran estatura moral: Marcelo Ebrard Casaubón.

Marcelo Ebrard está presente esta noche entre nosotros, y lo está de la manera más maravillosa que el hombre ha inventado para trascender, está presente en un libro de su autoría. Los libros, son la única vía por la cual podemos tener contacto con hombres de otros tiempos y otras latitudes. El libro nos da la oportunidad de escuchar la voz y los pensamientos de gente remota o cercana, de conocer el alma de los hombres, de su propia voz. Tener un libro entre las manos, es la oportunidad de entrar a un universo distinto de nuestra realidad cotidiana.

En este libro, “El Camino de México”, Marcelo se nos revela como un hombre de letras, además de un hombre con una profunda preparación en ciencias como la diplomacia, la administración pública y, desde luego, la ciencia política. El título del libro, no podía ser más certero y afortunado, porque a lo largo de sus páginas, Marcelo nos hace recorrer ese camino por la vía más derecha, la vía de la verdad.

Su narrativa es amena, su lenguaje sencillo, pero no exento de calidad y de una retórica sin exageraciones ni aspavientos. Se puede calificar la obra como coloquial, pero con un uso literario del lenguaje con metáforas accesibles para todo lector que lo tenga entre sus manos.

La estructura del libro es muy acertada, está planteado en etapas reales en la vida del autor: El ayer, el ahora y, obviamente, lo que sigue; y lo que sigue, son las aspiraciones legítimas de llegar a ser el primer mandatario de la nación. Con todo el material que Marcelo pone ante nuestros ojos, en letras impresas, no dejan duda alguna de que, la capacidad y los conocimientos, los tiene; que el apoyo popular, no le falta; que es un hombre honesto y sabrá reconocer si la oportunidad le corresponde o no. Y lo más importante, es un hombre con conciencia y sabe que la unión hace la fuerza y que la cuarta transformación tiene que seguir adelante y sin tropiezos, y eso requiere del concurso de todos los que tenemos conciencia de la necesidad impostergable de este sano cambio.

El apéndice de ilustraciones es muy rico, pues corre por él la imagen del hombre a través del tiempo. Imagen a imagen, Marcelo se va transformando poco a poco, en el hombre que miramos hoy. La colección de fotografías le da al libro una riqueza extra y lo hace más ameno.

Sus reflexiones finales, son una sólida argumentación de lo que, por su formación, por su experiencia, por la rectitud de su actuación, nos puede ofrecer para que, como ciudadanos conscientes y con una correcta perspectiva de hacia donde debe de caminar nuestra nación, lo consideremos como una muy buena opción para la sucesión presidencial.

Macelo Ebrard, nos está legando un libro en el que, se retrata de cuerpo entero, nos brinda un análisis profundo de la situación política de México, en los últimos tiempos, y en los tiempos próximos por venir. Es un libro de gran actualidad y de perspectiva a corto plazo.

La gran metáfora de El Camino de México, es que, éste, ha sido el camino de Marcelo Ebrard, que ha sabido marchar por él, con certeza y honradez, y que, con todo derecho, se nos propone él mismo como una opción viable para que, la Cuarta Transformación siga adelante, a pesar de las malas intenciones de sus poderosos enemigos.

A todo esto, hay que agregar que, su actuación como canciller de México ha sido eficaz y certera; que ha sabido sortear escollos nada fáciles y ha salido avante.

La lectura de El Camino de México, nos lleva a concluir que, Marcelo Ebrard es un político vertical.

Palabras pronunciadas por el autor en la presentación del libro “El Camino de México” de Marcelo Ebrard, en la Casa Museo “Mexilio”

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